Los Medios de Comunicación como instrumentos para influir sobre la opinión pública y lograr apoyo para los intereses corporativos

Los medios de comunicación son una parte totalmente integrada de la estructura de poder del estado. En su aplicación práctica, es de mayor utilidad que las fuerzas armadas. Definitivamente hay desventajas en utilizar la fuerza, mientras que, la propaganda y las relaciones públicas tienden a ser menos disruptivas para el flujo normal de negocios.

El objetivo primario de los medios de comunicación es modelar la opinión pública de manera que genere apoyo a los temas corporativos. La televisión pública y la Internet representan la mayor amenaza a ese proceso. Ambas brindan fuentes divergentes de información las cuales se mantienen al margen del proceso de filtrado amistoso con los negocios. (…)

El periodismo investigativo es un peligro para intereses privados, creando la posibilidad de que el público preste más atención a las actividades oscuras de los grandes negocios.


El objetivo final de cualquier sistema de información que pertenezca a manos privadas es ejercer un completo control sobre el ciclo de noticias de modo que los eventos puedan ser arreglados de manera tal que sirvan a las necesidades del negocio. El público debe estar prevenido para ver la relación entre la información mediática y los intereses privados.

Para lograr esto, los medios de comunicación deben aparentar que funcionan de manera independiente y hablar con diferentes voces cuando, de hecho, simplemente reiteran el mismo mensaje desde varios puntos ventajosos. Una búsqueda sencilla en Google de cualquier encabezado de noticias confirmará la veracidad de esto.

No hay diversidad de opinión en la noticias de los principales medios de comunicación. Está regimentada y es uniforme (podemos tomar el ejemplo reciente de la creación mediática de la “Pandemia”).

Los medios de comunicación comerciales están diseñado para estimular el deseo en consumir bienes y para evitar cualquier información que pudiera instigar a un mayor compromiso en el proceso político.

Esto explica por qué la inmensa mayoría de noticias son relatos distractivos de tragedias relacionadas con el clima y secuestros de rubias mujeres, en vez de una cobertura sustantiva de eventos reales de economía y política.


Los medios de comunicación que están en manos privadas operan de una forma que va en contra del ideal de mantener un “público informado” en una democracia participativa. Es un modelo verticalista que entrega el control de la información a un tipo de guardias corporativos, cuyo criterio está opacado por su deseo de obtener máximas ganancias.

No podemos esperar imparcialidad de un sistema privado cuyos principales jugadores tienen intereses tan obvios en el resultado. Ni tampoco podemos esperar que semejante sistema sea “libre” en cualquier sentido significativo de la palabra. De hecho, la ilusión de una “prensa libre” es sin duda la peor broma de mal gusto que se le haya hecho a la población.

¿Cómo puede una industria conectada políticamente, con fines de lucro, “en manos privadas” ser llamada “prensa libre”? Y, ¿por qué las personas continúan esperando una cobertura independiente, ecuánime, de organizaciones que no tienen otro compromiso que no sea el de sus accionistas?


Los medios de comunicación tienen que funcionar dentro de sus propias reglas y parámetros; está limitado estructuralmente a consideraciones de “resultado final”. Eso hace que un “análisis sin prejuicios” sea virtualmente imposible.

“Taking back the media” es un eslogan sin sentido. El objetivo real es crear tantas fuentes independientes de información como sea posible para contrarrestar la omnipresente “narrativa corporativa” de los gigantes de los mass media. En gran medida esto ha sido logrado a través de Internet.

Internet es, en muchos aspectos, el perfecto modelo democrático para la distribución de la información. El público es libre de buscar su información en un amplio abanico de opciones y (de lo que podemos deducir) va normalmente a sitios que proporcionen noticias que sean consistentes con su propia visión del mundo.

¿Hay una predisposición para una cobertura de noticias? ¿Son atraídas las personas de manera natural a sitios que reafirman sus convicciones básicas sobre la realidad y el mundo? Parecería que si.

Por eso es que los medios de comunicación deliberadamente evitan que los izquierdistas, liberales y progresistas aparezcan en los programas principales. Hay una cínica creencia que si esas voces son excluidas, las personas que comparten sus puntos de vistas se sentirán marginadas y con menos poder. Esta sensación de impotencia promueve la inacción y posterior abandono del proceso político.


Irónicamente, la exclusión de voceros de izquierda solo ha conseguido provocar más ira hacia los medios de comunicación del establishment y profundizó las divisiones entre grupos de la oposición. Los autócratas corporativos que promueven este sistema de exclusión no tienen idea de cual será el costo para la sociedad o si eventualmente disparará un levantamiento social.

Silenciar a grupos de personas con las cuales discrepamos, las fuerza a que se expresen de maneras menos constructivas. La censura allana el camino a la violencia.

El sistema actual es ideológicamente tan estrecho que es destructor de los principios básicos sobre los cuales se fundó el país. Los medios de comunicación no ofrecen protección sobre los principios básicos asentados en la constitución (…) En cambio, se ha convertido en improvisada tribuna para que los fanáticos funcionarios gubernamentales parloteen sus racionalizaciones sobre torturas, interpretaciones, guerras preventivas y espionaje a los ciudadanos (…).


Todoas esas formas extremas de abuso de los Derechos Humando han sido estandarizadas por los medios de comunicación comerciales. Demuestra que hay un esfuerzo coordinado para suavizar las actitudes del público hacia temas morales fundamentales como corrupción y crímenes de guerra.

Mientras tanto, los medios de comunicación han ignorado el daño a nuestra constitución y los peligros de un ejecutivo todo-poderoso, han minimizado los efectos desastrosos del calentamiento global, la proliferación nuclear y el agotamiento global de la energía.

Estos son temas que requieren un compromiso y movilización pública para influenciar drásticamente en los cambios necesarios en la política.


En vez de eso, los medios de comunicación distraen la atención hacia tonterías sin sentido como matrimonio homosexual, alertas terroristas “codificados por colores”, o los problemas maritales de Jennifer Aniston.

Una y otra vez, los medios de comunicación han demostrado ser enemigos del interés público y el bien común. En su configuración actual son una amenaza directa hacia las libertades civiles, igualdad social y paz mundial.

Ya no podemos darnos el lujo de ignorar este pulpo monolítico, el cual ha extendido sus tentáculos en cada rincón del cuerpo político. El peligro que ha causado ya es demasiado grande. Desmantelar el monopolio de los medios de comunicación de Estados Unidos debería ser el eje de cualquier plataforma política progresista.

La democracia es imposible donde la información puede ser controlada por unas pocas corporaciones que modelan la narrativa con el fin de adaptarla a objetivos beneficiosos para ellos. Debe haber un acceso irrestricto a los hechos que necesitamos saber para tomar decisiones informadas sobre temas que afectan nuestras vidas y el futuro del país.


Mediante el aumento de fondos para los medios de comunicación independientes y públicos y aplicando regulaciones estrictas al tamaño e influencia de los gigantes de medios de comunicación, podemos resucitar el “mercado de ideas” y crear un entorno donde puedan florecer diferentes puntos de vista. Esto iniciará un mayor compromiso ciudadano y alimentará el debate nacional. Dado el tremendo poder de los gigantes de medios esto parece ser una tarea de imposible concreción. Lamentablemente, no hay opciones sencillas.

Si el sistema actual persiste, las libertades civiles continuarán disminuyendo mientras la nación irá dando tumbos de una guerra a la siguiente. Sería mejor que nos preparemos para la tarea que nos espera, ampliando nuestra base de apoyo y destruyendo estos medios de comunicación monstruosos de una vez por todas.

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Escrito originalmente por Mike Whitney y titulado “It’s Time To Break Up The Media.”



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